Presentación
Los franceses sienten un orgullo especial por su escuela maternal, orgullo que no tiene paralelo en lo países de su entorno. Así, leemos en escritos diversos que la escuela materna actual “es específica de Francia” o que “goza de una gran reputación, la de ser un modelo que apenas tiene equivalente”, o que “la escuela materna francesa ha sido vista siempre como ideal a los ojos del mundo”, “que todos la envidian”...
En este capítulo nos acercaremos a la historia de la educación infantil en Francia intentando ver cómo, a partir de unas inquietudes, necesidades e intereses muy similares a las de otros países, que les llevan a imitar al igual que el resto de Europa el modelo inglés, se irá configurando un sistema de educación infantil con unas características particulares, pero también, como es evidente, con características comunes.
Quizá uno de los elementos distintivos es el papel fundamental que diversas mujeres tuvieron en Francia en el proceso de convencer acerca de la conveniencia de estas instituciones y en su sistematización teórica: Emilie Mallet (Luc 1997 pp.17-20), Eugénie Millet, marie Pape-Carpantier y Pauline Kergomard desempeñaron diferentes papeles, pero todos de notable importancia. Nos centraremos en las dos últimas autoras porque éstas se dedicaron a la educación infantil en dos momentos distintos contribuyendo activamente a su construcción teórica y a su puesta en práctica.
En Francia se produjo un movimiento parecido al que tuvo lugar en Gran Bretaña y España (con distintas intensidades, eso sí), que condujo a la creación de miles de salas de asilo ( salle d´asile), nombre que en Francia recibieron estas instituciones.
Sin embargo unos de los factores distintivos de la historia de la educación infantil en Francia, ha sido que el gobierno intervino pronto, definiendo como debía ser su funcionamiento, financiándolas parcialmente ya desde 1837 y creando un cuerpo especial de inspectoras encargadas de su control. El decreto de 2 de agosto de 1881 implicó un cambio importante en la historia de la educación infantil en Francia. A partir de este momento, las instituciones que se ocupaban de cuidar y educar a los menores de seis años, las salas de asilo, pasaron a denominarse (escuelas maternales).Por supuesto, los nombres no son neutros. Ese cambio de nombre implicaba un cambio de modelo, aunque este tardara en generalizarse.
Para llegar a la situación actual, el camino recorrido ha sido largo y han sido necesarios cambios profundos en el concepto de niño. En los dos últimos siglos se ha aceptado que el niño menor de seis años, aunque biológicamente sea dependiente, puede ser atendido fuera del hogar, lo que abre el camino al cuidado colectivo.
También se ha aceptado que, además del cuidado, deben recibir educación fuera de la familia y, por último, se ha reconocido la capacidad, para los aprendizajes escolares de los niños y niñas. Esa aceptación hizo que los paderes empezaran a enviar a sus hijos a instituciones de educación infantil. Estas instituciones han cambiado sus objetivos: han pasado, por decirlo brevemente, de ser guarderías a ser escuelas para todos.
Todos estos cambios han implicado forzosamente un profundo cambio en las prácticas pedagógicas (se ha pasado del “adiestramiento” colectivo a métodos centrados en los alumnos), la apertura a todas las capas de la sociedad y el reconocimiento de la especialidad del personal de estas escuelas, así como su equiparación con el de las escuelas primarias.
PAULINE KERGOMARD
1838-1925
Era una pedagoga francesa e introdujo el llamado método francés para la escuela maternal. Luchó por conseguir que ésta fuese pública.Para ella, la cultura física está en la base de su sistema y hace del juego el procedimiento esencial para conseguirla.
Según ella los niños deben tener libertad de elección para poder seleccionar objetos y así aprender obtener información a través de éstos apoyados por la curiosidad que sienten unida al desarrollo de sus 5 sentidos.
Defendía la idea de una escuela que impartiese lecciones basándose en el aprendizaje que el niño tiene en casa a través de las vivencias que tiene a través de la observación, de la manipulación de los objetos desconocidos y de la ayuda que le presta la madre guiándolo en ese proceso de “aprendizaje doméstico”.
Se debe provocar en él, las ganas de recibir esa lección, de saciar su curiosidad. Afirma que si el niño es libre en la totalidad de sus movimientos en vez de estar sentado, si está al aire libre en vez de en un lugar cubierto, estas condiciones favorecerán al descubrimiento y se apresurará a hacer millones de preguntas.
Pauline se quejaba de que el error de las escuelas maternales residía en que las lecciones de cosas que impartían en los diferentes niveles, primario, secundario.. eran las mismas y que habría que alejarse hasta casi las enseñanzas de facultad de ciencias para poder diferenciar dichas lecciones.
Ella piensa que una de las facultades del maestro debe ser no abordar al alumno con todo lo que sabe, sino que debe saber racionalizar la información y saber ajustarla a la necesidad de aprender y a la capacidad del alumno.
Le da mucha importancia a que los niños dominen y sepan el nombre, de qué esta hecho o la función de todo los que les rodea o con lo que cotidianamente tratan, juegan, etc. Y todo esto conviene decírselo cuando su curiosidad esté excitada.
Y aunque da mucha importancia a ésta lección en concreto, reconoce que no es la única y que son importantes también la claridad, la vida, el encanto y el lenguaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario