viernes, 5 de mayo de 2017

Capítulo 7: La educación infantil en la Institución Libre de Enseñanza.

PRESENTACIÓN:

La Institución Libre de Enseñanza (ILE) fue fundada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos como consecuencia de la expulsión de un grupo de catedráticos de la universidad, en lo que se conoce como "segunda cuestión universitaria", porque éstos no ajustaban sus enseñanzas a los dogmas establecidos por la Iglesia Católica y se negaron a manifestar su adhesión al nuevo monarca Alfonso XII. La mayoría de los catedráticos expulsados era de orientación krausista y se propusieron crear una universidad alternativa a las oficiales donde no se pusiesen trabas al desarrollo del conocimiento científico y a la libertad de conciencia de profesores y alumnos. Sin embargo, lo que empezó siendo una universidad alternativa, se convirtió muy pronto en una de las escuelas más innovadoras de Europa con un parvulario froebeliano, incluso admirado en Alemania por quienes estaban dirigiendo aquel movimiento educativo en todo el mundo.

El krausismo es una doctrina filosófica que había traído de Alemania en Heidelberg con Leonhardi, discípulo de Krause. Como filosofía, el krausismo no sólo es un conjunto de enunciados intelectuales y teóricos, sino que exige una forma de vida conforme a esos ideales que se manifiestan en los actos de la vida práctica. En un sentido estricto sus ideas filosóficas tuvieron en España un entendimiento limitado pero fueron un estímulo que abrió el país a los ideales democráticos y al rigor del pensamiento científico contemporáneo. El mismo ideal de la Humanidad (1860), obra clave para entender su influjo, no fue siquiera una acomodación al público español de su libro Das Urbild der Menschheit, sino la traducción de otros escritos que Krause había publicado también en 1811 y que Sanz del Río presentó como una adaptación (Menéndez Ureña, 1997). No obstante ahí ya se afirma que el ideal tiene un sentido práctico que vincula a la Humanidad con el conocimiento científico, considerado como una "construcción cierta, metódica y sistemática" que se constituye como un sistema que integra a las ciencias particulares para formar lo que denomina Wesenlehre, la ciencia del ser, un todo orgánico que requiere unidad de principio para ser y conocer (Jiménez, 1996).

Como fenómeno social de influjo difuso, el krausismo fue un revulsivo que transformó la sociedad española en muchos ámbitos, hasta el punto que muchos pensadores críticos eran krausistas sin saberlo, conforme un irónico comentario que hacía Francisco Giner. No obstante, el krausismo en sí mismo tendría una escasísima proyección pedagógica si no fuese por la fascinación que causó en Fröbel, quien adoptó la idea del panenteísmo y sus visión mística de la naturaleza. Fröbel intentaba encontrar la unidad entre naturaleza y espíritu, y descubrió que Krause hallaba esa unidad en un ser esencial e infinito en el que todos estamos contenidos: no somos sustancia divina (panteísmo) sino que estamos contenidos en el ser supremo (panenteísmo).

Aunque ya se conocía a través de alguna publicación previa, el froebelianismo sería introducido en España por Fernando de Castro, que lo estudió en sus viajes por Alemania y Suiza en 1867, cuando fue desposeído de su cátedra como consecuencia de la "primera cuestión universitaria). En 1869 creó la Escuela de Institutrices en Madrid, y en 1870 la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, estableciendo en 1873 una cátedra de pedagogía froebeliana en la que las alumnas traducían directamente del alemán la obra fundamental de Fröebel, La educación del hombre (1826). Durante el primer gobierno de Cánovas del Castillo, el Conde de Toreno creó en 1876 la cátedra de pedagogía froebeliana en la Escuela Normal de Maestras, y en 1878 la Escuela Modelo de párvulos, denominada "jardines de infancia". Casi al mismo tiempo la ILE ignaguraba su escuela primaria, aunque la sección de párvulos no quedaría definitivamente organizada hasta enero de 1885, cuando se trasladaron al edificio del entonce Paseo del Obelisco. que contaba con unjardín que ofrecía "tranquilidad y amplitud, condiciones indispensables" para la educación de todas las edades, e ineludibles para una práctica que se reclamaba como froebeliana. La sección se confió a dos maestras: Consuelo Martín del Busto y Nicanora Aguilera, según se informa en una nota del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza de ese mismo año.








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